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Anónimo granadino. Adoración de los Magos. Finales del S. XVII

 

 

Óleo sobre lienzo

166 x 157 cm;  medidas con marco 177 x 168 x 4,5 cm

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Esta obra de autor anónimo granadino de las últimas décadas del siglo XVII, es copia de modelo grabado flamenco, concretamente para pintar La Adoración de los Magos el artista utiliza la estampa de 1621 de Lucas Vorsterman, realizada sobre la pintura del mimo tema de Rubens pintada hacia1628-19, y conservada en el Museo de Bellas Artes de Lyon. Se trata precisamente de uno de los grabados más difundidos y por tanto más utilizados por los artistas para realizar sus composiciones, como señala el profesor Navarrete Prieto, estas estampas se convierten en modelo para un buen número de las obras con esta temática de la Andalucía del seiscientos.

En este caso, el artista ha reproducido la composición del grupo principal variando parcialmente la colocación de los personajes de la comitiva y del fondo de arquitecturas, difícilmente apreciable por la oscuridad con la que se ha conservado la pintura. Propone una composición basada en la presentación de la escena junto a ruinas monumentales o un pesebre, con la Virgen con el Niño en los brazos, a modo de trono, con San José en un segundo y discreto plano, recibiendo la adoración de los Magos, que ya desde primera época, aparecen uno arrodillado y descubierto, caracterizado como hombre maduro, con barba blanca es decir Melchor y los otros dos, Gaspar y Baltasar, esperan el momento con sus séquitos. Otros elementos habituales serán las bestias en un segundo término, así como el detallismo en la representación de los cortejos.

En esta pintura todos estos elementos están representados, incluyendo la caracterización del rey Baltasar de tez oscura, y de su correspondiente séquito, mirando al espectador junto a la cabeza de su cabalgadura que aparece desde un segundo plano.

El interés del artista por incluir todos estos elementos, depara una composición excesivamente recargada, con evidentes descuidos de perspectiva y composición, y pese a los esfuerzos del pintor resulta absolutamente desequilibrada, con una excesiva presencia de elementos arquitectónicos que restan protagonismo a la escena, lo que unido a la poca solvencia del artista, configuran una obra rica en detalles pero bastante pobre pictóricamente.

La obra ingresa en la colección Visconti adquirida por el pintor almeriense en el mercado del arte y actualmente puede verse en la escalera principal de la casa.