Natividad por

Anónimo. Natividad de la Virgen, s. XVI

Óleo sobre tabla

94 x 85 x 2,5 cm

En esta ocasión la tabla objeto de nuestro interés representa la Natividad de la Virgen, una iconografía, que según el prof. José María Salvador González, tiene su origen en los escritos de San Jerónimo, recogidos por Jacobo de la Vorágine en su conocida “Leyenda dorada”, el más completo de los relatos de la vida de santos medievales que ha llegado hasta nuestros días.

Según Salvador,

es bien cierto que ese acontecimiento mariano, carente de bases bíblicas e históricas, fue construido por tres textos apócrifos: el Protoevangelio de Santiago (siglo II) -cuyo título original es precisamente Natividad de María -, el Evangelio del Pseudo Mateo (h. siglo IV) y el Libro de la Natividad de María (síntesis del apócrifo precedente, hecha hacia el siglo IX)”.

Se trata por tanto de un relato construido a partir de distintas fuentes primitivas y que en torno a los siglos IX-X, se conforma de manera definitiva, teniendo un origen plástico especialmente floreciente en la Iglesia Oriental, como demuestran numerosos mosaicos e iconos que representan el tema.

El tema llega al arte cristiano occidental rápidamente, y así en la Italia medieval se encuentran algunas representaciones, como la conservada en la biblioteca de Santa María Novella en Florencia [Fig. 1], que representa unos frescos anteriores del templo y de clara influencia de las representaciones orientales.

Fig 1. Grabado de la Natividad de la Virgen conservado en la Biblioteca de Santa María Novella

Fig 1. Grabado de la Natividad de la Virgen conservado en la Biblioteca de Santa María Novella

Como en la mayoría de las temáticas de largo recorrido de la iconografía cristiana, la composición que da origen a distintos y nuevos desarrollos, parte del trabajo recopilatorio y creativo del artista alemán Alberto Durero, que a finales del siglo XV y principios del XVI, propagó innumerables estampas grabadas. Es el caso de la iconografía de la Natividad de la Virgen con el grabado fechado en 1503, y que constituye el origen de la iconografía durante la Edad Moderna en toda Europa y posteriormente en Iberoamérica [Fig. 2].

Fig 2. Grabado de la Natividad de la Virgen de Alberto Durero

Fig 2. Grabado de la Natividad de la Virgen de Alberto Durero

Versiones posteriores, sobre composición original de Federico Zuccaro, como el grabado de Julius Goltzius de 1578 [Fig. 3], o la de Cornelis Cort, publicada por Caspar Rutz en 1581, [Fig. 4], son la constatación de esta notable influencia.

Fig. 3. Grabado de la Natividad de la Virgen de Cornelis Cort, 1578

Fig. 3. Grabado de la Natividad de la Virgen de Cornelis Cort, 1578

Fig. 4. Grabado de la Natividad de la Virgen de Julius Goltzius, 1581

Fig. 4. Grabado de la Natividad de la Virgen de Julius Goltzius, 1581

La tabla debió pertenecer a un retablo dedicado a la vida de la Virgen, integrado por distintas escenas entre las que se encontraría esta Natividad de la Virgen. Respecto a su emplazamiento y autoría nada sabemos, pero podríamos aventurar que se trata de una pintura realizada por un artista español con formación italiana y que debería fecharse en las décadas centrales del siglo XVI.

Volviendo al relato de la Natividad de la Virgen, y como es de sobra sabido, los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, de avanzada edad, no habían concebido y encontrándose ante la Puerta Dorada del templo de Jerusalén, se abrazaron y milagrosamente concibieron a la Virgen de forma Inmaculada.  Esto teológicamente podría tener distintos significados, resumidos por Salvador en tres principales

“1) La Natividad de María como epifanía de la Nueva Alianza: Erección del nuevo Templo de Dios (María)

2) La Natividad de María como preanuncio de la Redención

3) La Natividad de María como signo de la regeneración de la humanidad: una nueva Eva (María), un nuevo Adán (Cristo)”

De ahí la manera en que estas representaciones se multiplican a partir del Concilio de Trento, incluyéndose en la mayoría de los ciclos dedicados a la Vida de la Virgen.

El profesor Salvador, que ha dedicado un detallado estudio al origen de esta iconografía de la Natividad de la Virgen, señala ciertas constantes en la representación que identifican claramente el tema:

“1. Protagonistas: Ana, vestida por completo con amplios ropajes, sentada o yaciente sobre un lecho; la recién nacida María, casi siempre desnuda, en brazos de una partera que se apresta a lavarla, o a veces cubierta con vestidos o fajas (en ocasiones, se la representa dos veces, en el acto de ser bañada, y durmiendo en su cuna o siendo depositada en brazos de su madre).

  1. Comparsas: una o varias comadronas, que ayudan a Ana durante o después del parto; varias sirvientas, que brindan alimentos y bebidas a la parturienta; muy raras veces, Joaquín, quien, en caso de aparecer, lo hace de manera marginal y casi a hurtadillas.
  2. Escenografía: interior de casa suntuosa, por lo general con elementos arquitectónicos de prestigio, espléndido mobiliario y ricos cortinajes; lecho lujoso, de recamadas telas; bandejas (y, con frecuencia, mesas) con vituallas y bebidas, que portan las criadas; pila o bañera, donde se lava a la neonata; en ocasiones, cuna, vacía u ocupada ya por la recién nacida”.

Esto es lo que sucede en nuestra tabla, repitiéndose, las constantes en la tradicional representación, gracias al uso del grabado de Durero, aunque circunscrito únicamente a la escena central, como evidencia el detalle del grabado [Fig. 5].

Fig.5 . Detalle del grabado de la Natividad de la Virgen de Alberto Durero

Fig.5 . Detalle del grabado de la Natividad de la Virgen de Alberto Durero

Naturalmente, el colorido de la obra nada tiene que ver con el modelo grabado que es en blanco y negro, este color tiene un origen claramente italiano, igual que algunos gestos propios del “manierismo” italiano de mediados del XVI, y que llegan a España de mano de figuras tan señaladas como Berruguete o Pedro Machuca.