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San Francisco de Asís. S.XVII-XVIII. Anónimo español

Escultura de bulto redondo. Madera tallada y policromada

55 x 28 x 17 cm

Nos encontramos ante una talla de bulto redondo que representa a San Francisco de Asís vestido con el hábito de la orden, mostrándose este ajustado a la cintura por un cordón de tres nudos, que representan los votos de pobreza, castidad y obediencia franciscanos.

El santo, con cabellos y barba oscuros, está representado de pie, en actitud reflexiva, y con los brazos separados del torso. Aunque no conserva sus atributos, el estudio iconográfico de otros modelos nos hace pensar que sostenía los evangelios sobre su mano derecha -desaparecida- y un crucifijo en la izquierda.

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Los estigmas de las manos, los pies y el costado son claramente visibles, reconociéndose el último por una hendidura en el hábito. Las heridas recuerdan el suceso más popular de la vida de San Francisco: “el milagro de la estigmatización en el monte Albernia durante el día de la Exaltación de la Cruz”, en Arezzo (Italia), cuando San Francisco visionó a Cristo crucificado, y desde sus heridas unos rayos se imprimieron en el cuerpo del Santo materializándose en estigmas.

La escultura, de pequeñas proporciones, manifiesta el interés del tallista por el estudio de la anatomía y la calidad de los paños, si bien es cierto que en su conjunto la imagen no destaca por la delicadeza de sus líneas. En cambio, el autor si acierta a lograr la consonancia entre el movimiento de las vestiduras y el naturalismo del gesto, de profunda humildad, tal y como predican las virtudes de la orden franciscana.

El hábito está policromado y dorado con técnica de estofado, mientras que la cabeza está resuelta -por su parte- con el empleo de la denominada “máscara” <segunda pieza de madera, dedicada exclusivamente para el acabado del rostro> facilitando así la incorporación de los ojos de cristal en el interior de la pieza, y favoreciendo al autor el acabado de las carnaciones, una técnica muy extendida en la imaginería barroca de los siglos XVII y XVIII.

Desde el punto de vista cultural, nos encontramos ante un momento en el que los encargos artísticos fueron mayoritariamente eclesiásticos. Tanto catedrales, como órdenes religiosas, centraron su interés en el encargo de retablos y tallas exentas, algunas de pequeño tamaño -como es el caso- para su uso devocional en capillas y oratorios.