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Piedad, s. XVI-XVII

Estilo de Luis de Morales (1509 - 1586)

Piedad, s. XVI-XVII

Óleo sobre lienzo / marco tallado y dorado

102 x 75 cm; medidas con marco 128,5 x 101,5 x 5,5 cm

Se trata de una copia u obra de taller inspirada en la versión que se conserva de esta iconografía, obra del artista del Renacimiento español Luis de Morales, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fechada hacia 1560.

Son numerosas las variantes iconográficas sobre el tema de la Piedad que realiza Morales, desde la de la Catedral de Badajoz, fechada hacia 1550, a las conservadas en  el Museo de Bellas Artes de Bilbao o el propio Museo del Prado fechadas ya en la década de los sesenta.

Se trata desde luego de uno de los temas que mayor tratamiento había tenido en la pintura europea, tanto de los primitivos flamencos como de los renacentistas italianos.  Morales tomó de unos la expresividad del patetismo y de otros la composición más clásica del tema. Muy influido por la espiritualidad erasmista, reaccionó a las recomendaciones para la oración de los místicos, entre otros de Fray Luis de Granada, creando un prototipo iconográfico que se popularizó enormemente y extendió esta devoción, e hizo que saliesen del taller de este artista numerosas copias de la Piedad , e incluso parejas devocionales de la cara de la Virgen y de Ecce Homo, temática hacia la que evoluciona el tratamiento pasionista en la pintura de Morales, ubicándolos en solitario sobre fondo negro. A su vez este hecho motiva la copia del modelo iconográfico y formal de la Piedad por talleres y artistas no vinculados a su círculo.

La Piedad o Quinta Angustia representa el momento en el que la Virgen recibe en su regazo el cuerpo muerto de Cristo. Sobre un fondo neutro, que enfatiza el patetismo del momento, aparece la figura sedente de laVirgen que retiene el cuerpo de su hijo entre sus manos. La Virgen representada de media figura al igual que Cristo, lleva el atuendo consistente en manto que cubre cuerpo y cabeza de color azul oscuro o negro, sobre ropas blancas. El rostro de la Virgen deja patente el sufrimiento por la muerte del hijo y el desgarrador momento. La piel lívida del Cristo y la pesadez del desplome evidencian que se trata de un cadáver.

 

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